QUE NO TE CIEGUE SU LUZ
Había una vez una niña llamada Claudia, que vivía pendiente de las pantallas, parecía que no había nada más importante para ella y eran su única distracción.
Pasaba horas y horas conectada. Sus notas empezaron a bajar, dormía mal y cada vez estaba más aislada de sus compañeros. Una mañana al despertar y abrir los ojos empezó a ver destellos, allá donde miraba veía lucecitas de colores. Asustada corrió hacia sus padres y les contó lo que le ocurría y mientras hablaba con ellos de pronto todo se tornó negro y Claudia se vio rodeada de oscuridad. Sus padres la llevaron urgentemente al médico y este dijo lo que ella esperaban. Claudia tenía los ojos seriamente dañados por pasar horas y horas frente al ordenador o el móvil y de no dejar de hacerlo, las consecuencias podrían ser aún peores, les dijo el médico. Claudia volvió todo el camino en coche, llorando y lamentándose por no haber tenido más cuidado, sus padres le animaron y le dijeron que lo único que necesitaba era un poco de reposo. Se lo tomó en serio, descansó jugó al aire libre. Pasó tiempo con sus amigos charlando o paseando y se dio cuenta de lo mucho que echaba de menos todo aquello. Había estado tan enganchada, que no se había dado cuenta de lo que se estaba perdiendo. Poco a poco sus ojos fueron sanando y fue consciente de las consecuencias que puede tener el mal uso de los dispositivos. Claudia había aprendido la lección, Internet lo tiene todo pero también te lo puede quitar si no lo utilizas con precaución.
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ADRIANA - 11 años, 6º B
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