NO TE DEJES ATRAPAR
Cuando cumplí 13 años, mis padres me regalaron un móvil. Me sentí la chica más afortunada del mundo, a golpe de tecla tenía a todos mis compañeros conectados, podía entrar a mil la aplicaciones, jugar a multitud de videojuegos, hacer fotos, entrar en redes… Podía hacer tantas cosas que poco a poco fui aislándome de mis amigos y amigas. Ya no quería salir de casa, ni ir a fiestas ni cumpleaños… todo aquello que antes me hacía feliz, ahora lo había sustituido una pantalla. Mi vida había dado un giro inesperado pero aunque aquel aparato lo tenía todo , empecé a sentirme cada vez más sola. Así que un día salí de casa para reunirme con mis amigos en el parque, donde quedábamos siempre, pero estos al verme me ignoraron me dijeron que qué clase de persona puede cambiar de la noche a la mañana y sustituirlos por un teléfono. Esto me dio que pensar y me di cuenta de que tenían razón, había sido capaz de cambiarlo todo y dejar de lado a quienes eran realmente importantes para mí simplemente por no despegarme del teléfono. Ese día volví a casa y les dije a mis padres que no quería tener el móvil siempre conmigo, que a pesar de que que era muy útil, necesitaba que me ayudasen a poner límites. Mis padres se subieron de acuerdo y les alegró que hubiese recapacitado, ya que ellos también estaban preocupados por la dependencia que aquel aparato me había generado. Desde entonces, solo usaba el móvil cuando tenía que desplazarme, para estar localizada, para trabajar en alguna aplicación del colegio y también para jugar, pero no más de media hora. Me di cuenta de que Internet es maravillosa, pero no puedes quedarte atrapado en su red.
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DESIREÉ - 11 años, 6º B
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