EL ORDENADOR DE VICENTA

Vicenta Caña vivía en Villaburrida, un pueblo aislado de pocos habitantes, la mayoría octogenarios. No había nada para entretenerse y la tienda más cercana estaba a varios kilómetros. Lo más emocionante que hacía era bajar a la plaza a esperar a Feliciano Yenada, el dueño de la tienda Tengodetó, que iba todos los miércoles al pueblo para llevar los pedidos que le hacían por teléfono. Y digo que es lo más emocionante porque, como estaba sordo, nunca sabían lo que les iba a entregar. La última vez, Vicenta le llamó para encargarle 4 kilos de lentejas y un paquete de harina y recibió 4 hilos en bandejas y un filete de sardina.

Vicenta deseaba que llegara el verano para pasar unos días con su nieto Juan. Con él nunca se aburría y aunque hablaban a menudo por teléfono, le echaba de menos. Un día, Juan la llamó emocionado porque estaba aprendiendo a usar el chromebook en el colegio, y le dijo que ella también debería tener uno para poder hacer videollamadas. Pero Vicenta se negó porque pensaba que la tecnología sólo servía para gastar el dinero.

Un día, llegó un paquete de parte de Juan. Era un ordenador. Vicenta nunca había visto uno tan de cerca y no sabía ni encenderlo. Pero Juan le dio algunas instrucciones por teléfono.
– Abuela, cuando tengas dudas, le puedes preguntar a RosalÍA. Ella te ayudará.
– ¿A Rosalía la vecina? – preguntó Vicenta extrañada – ¡Pero si ella no sabe ni encender la radio!
– No, abuela. Es Inteligencia Artificial. Puede ser muy útil si la usas bien. ¡Prueba a decirle que me haga una videollamada!
– A ver, Rosa… ¿cómo era?.. ¡Ah, sí!, RosalÍA, haz una videollamada a Juan – Y al segundo, apareció su nieto en el ordenador que la estaba saludando a kilómetros de distancia. – ¡Si parece que estás aquí sentado conmigo!

Desde ese día, Vicenta dejó de sentirse sola y aburrida. Estaba tan ilusionada con su nuevo ordenador, que quiso saber qué más podía hacer con él. RosalÍA le instaló una aplicación buenísima que le recordaba sus citas con el médico y hasta le dio una receta con los ingredientes que tenía en casa: “Limpia bien la bandeja hasta que te veas reflejada en ella. Coloca el filete de sardina justo en el centro. Pon los cuatro hilos alrededor, mejor si son de colores. Mételo en el horno a la temperatura que quieras hasta que empiece a quemarse”.
Convenció a Rosalía, la vecina, para que se comprara un ordenador y juntas fundaron el club “WiFiteros Jubilados”. En menos de dos semanas, todos los vecinos del pueblo ya eran socios. El alcalde les dejó una sala en el ayuntamiento donde se reunían dos días a la semana. Aprendieron a utilizar la tecnología para mejorar su vida diaria. RosalÍA les ofrecía distintas rutas para salir a caminar, juegos para ejercitar la memoria, charlaban, se divertían… ¡hasta aprendían idiomas!

Vicenta Caña se convirtió en una experta en tecnología. Solo faltaba una cosa para que todo fuera perfecto: que Feliciano Yenada modernizara su negocio para poder hacer los pedidos online.

–RosalÍA, crea una página web para la tienda Tengodetó.



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Tengo en mis manos una gran conexion, un mundo de ideas dentro de un boton, donde puedo aprender, reir y crear, y a miles de personas poder llegar. Las pantallas brillan, todo es veloz, respuestas al instante, todo esta en mi voz, pero a veces olvido, sin darme cuenta, que la vida real cuenta. El sol en mi cara, el viento al correr, las risas de amigos que puedo ver, no viven en apps ni en un chat, sino en momentos de verdad. Por eso elijo con responsabilidad, cuando conectarme y cuando parar, porque la tecnologia es especial, si la uso bien... puede ser genial.
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