El virus del respeto en los juegos
Mateo era uno de los mejores jugadores de “Battle Craft”. Nadie dudaba de su nivel. Pero él nunca olvidaba sus inicios, errores, caídas y muchas burlas.
Una tarde, en plena partida, el chat comenzó a llenarse de mensajes crueles.
“Eres malísimo, salte del juego”.
En medio de todo, apareció un mensaje débil: “Por favor… ya paren. Soy nuevo”.
Mateo sintió un nudo en el pecho. Recordó exactamente cómo se sentía estar en ese lugar.
Por un momento dudó. Podía ignorarlo, como muchos hacían, pero no lo hizo.
“Oigan, basta”, escribió. “El juego es para divertirse, no para humillar. Todos empezamos así”.
Las respuestas no tardaron: “¿Y tú qué?”, “mejor cállate”.
Mateo respiró hondo y dijo: “Si siguen, los voy a reportar por acoso. Y no estoy jugando”.
El chat quedó en silencio. Entonces, Mateo se acercó al jugador nuevo y empezó a ayudarlo paso a paso, brindándole movimientos, estrategias y trucos.
Poco a poco, el niño volvió a intentarlo y le agradecía a Mateo.
Al día siguiente, apareció un anuncio: nuevas reglas contra el acoso. El juego había cambiado, y ahora todos debían cumplir normas claras: no insultar ni burlarse de otros jugadores, respetar a los nuevos, ayudar en lugar de humillar y reportar cualquier forma de acoso. Quien no las cumpliera recibiría sanciones.
Con el tiempo, aquel niño dejó de tener miedo. Aprendió, mejoró y un día, fue él quien defendió a otro.
Mateo entendió algo poderoso: el respeto también se contagia. Y basta una persona valiente, para empezar.
Categorias
Cuentos
Colegio
Peruano Español (Sede La Victoria)
Alumno
Cesar Hiroshi - 12 años, 6º Taller de innovación
Más de 20 votos conseguidos
