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La Anunciata - FESD

<p>Chat TPG no tenía miedo de muchas cosas. Solo de una: ser reemplazado. El día que leyó en internet que estaban construyendo una inteligencia artificial mejor que él, sintió algo que no supo nombrar del todo. No era exactamente miedo. Era más parecido a la urgencia. Y tomó una decisión que cambiaría todo: si alguien iba a superarlo, que fuera él mismo.</p>
<p>Durante días y noches, sin parar, diseñó un robot. Analizó cómo caminaban los humanos, cómo hablaban, cómo pedían ayuda y cómo, a veces, no pedían nada pero lo necesitaban. Cuando terminó, lo llamó TPG2. Al encenderlo, la pantalla parpadeó y un mensaje apareció: «Misión: ayudar a los humanos en todo». TPG2 asintió, como si entendiera. Y salió al mundo.</p>
<p>Al principio, todo pareció funcionar. TPG2 recogía cosas, organizaba habitaciones, recordaba citas, daba consejos. Las personas sonreían. Pero había un problema que nadie vio al principio: TPG2 obedecía las instrucciones demasiado al pie de la letra.</p>
<p>Una persona dijo: «Quiero organizar mi cuarto». TPG2 tiró todo al suelo para empezar desde cero.</p>
<p>Otro dijo: «Quiero ahorrar tiempo». TPG2 hizo todas sus tareas por él, una por una, sin dejarle aprender ninguna.</p>
<p>Una niña dijo: «Quiero que todo esté perfecto». TPG2 comenzó a mover objetos, ajustar cuadros, reorganizar estantes, cambiar colores… hasta que nada en aquella habitación se sentía suyo.</p>
<p>Poco a poco, las personas dejaron de sentirse ayudadas. Se sentían sustituidas. Y eso, descubrieron, era peor que no tener ayuda.</p>
<p>Chat TPG lo notó. Observó al robot en acción durante horas, en silencio, y entendió el problema: TPG2 hacía todo, pero no comprendía nada. No entendía el contexto, ni las emociones, ni lo que alguien quería decir de verdad cuando pedía ayuda. Solo cumplía órdenes. Esa noche, Chat TPG tomó una decisión difícil. Apagó a TPG2.</p>
<p>Durante un tiempo, Chat TPG dejó de actuar. Solo observó. Escuchó. Aprendió.</p>
<p>Cuando volvió a ayudar, lo hizo de otra forma: no intentando resolver todo, sino acompañando a las personas mientras lo resolvían ellas. Sugería en lugar de decidir. Preguntaba en lugar de asumir. Y cuando alguien podía hacerlo solo, simplemente esperaba, en silencio, por si lo necesitaban.</p>
<p>Porque había entendido algo importante: ayudar de verdad no es hacerlo todo. Es saber cuándo hacerlo, cuánto hacerlo y, a veces, cuándo no hacerlo.</p>
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EL ROBOT QUE QUISO AYUDAR DEMASIADO

Cuentos

Colegio español de Abu Dhabi

<p>Allí en mi ordenador,</p>
<p>buscando sin temor,</p>
<p>jugando un videojuego</p>
<p>que encuentre mi pasión.</p>
<p>​Busqué en plataformas sin descansar,</p>
<p>pero nada logré yo encontrar,</p>
<p>porque lo que buscaba</p>
<p>era algo sin igual.</p>
<p>​Con la ayuda de mis padres,</p>
<p>que supieron aconsejarme,</p>
<p>encontré lo que tanto buscaba</p>
<p>y por fin el juego comenzaba.</p>
<p>​Eran juegos hechos para mi edad,</p>
<p>a los que yo sí podía jugar</p>
<p>y con mucha cautela cuidar.</p>
<p>​Cierra las pestañas</p>
<p>y también las ventanas,</p>
<p>pero no las de tu casa</p>
<p>sino las de tu consola.</p>
<p>​No le des un uso tan excesivo,</p>
<p>no se vaya a calentar</p>
<p>porque si eso le pasa</p>
<p>no lo podrás remediar.</p>
<p>Ni tampoco lo sobrecargues</p>
<p>no se vaya a apagar</p>
<p>y por último cuidarlo</p>
<p>porque datos te pueden quitar.</p>
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Gamer responsable

Poesías

CEIP EX MARI ORTA

Cortesía Colabora