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<p>Jimbob tenía veintidós años, vivía en Abu Dhabi y tenía un sueño: jugar al fútbol profesional. El problema era que Jimbob no tenía piernas. Las había perdido en un accidente cuando era niño. Pero eso, para él, no era un motivo para rendirse.</p>
<p>Desde pequeño había aprendido a moverse con prótesis básicas. Servían para caminar, para ir al colegio, para vivir. Pero no servían para correr. Y Jimbob quería correr.</p>
<p>Un día leyó en internet una noticia que lo cambió todo: un científico llamado Dr. Khalid, que trabajaba en un laboratorio de Abu Dhabi, había desarrollado unas piernas prostéticas especiales para deportistas. Eran ligeras, resistentes y podían adaptarse al movimiento del fútbol. El problema era que casi nadie lo sabía. El artículo tenía doce visitas.</p>
<p>—Doce visitas —murmuró Jimbob—. Doce.</p>
<p>Buscó al doctor, le escribió un mensaje y tres días después estaba sentado frente a él en una sala pequeña llena de herramientas y esquemas en las paredes. El Dr. Khalid le explicó cómo funcionaban las prótesis, cuántos años había tardado en desarrollarlas y cuántas veces había intentado que alguien las financiara sin éxito.</p>
<p>—La gente habla mucho de tecnología —dijo el doctor—, pero muy poco de las personas que la crean.</p>
<p>Jimbob lo escuchó con atención. Luego preguntó cuánto costarían. Era mucho dinero. Pero Jimbob había ahorrado durante años, haciendo trabajos de todo tipo después del colegio. Lo tenía casi todo. Le faltaba poco.</p>
<p>Pidió un préstamo pequeño a su familia, volvió al laboratorio y dos meses después salió con las prótesis puestas. Esa tarde fue al parque, se colocó frente a una portería y chutó un balón por primera vez en su vida.</p>
<p>No marcó gol. Pero el balón voló.</p>
<p>Jimbob lloró. Y también sonrió.</p>
<p>Meses más tarde, consiguió entrar a un equipo de fútbol adaptado en Abu Dhabi. En su primer partido, mientras calentaba en el césped bajo el sol de los Emiratos, pensó en el Dr. Khalid. En todos los científicos que trabajan en silencio, sin premios ni titulares, inventando cosas que cambian vidas.</p>
<p>Decidió que, cuando pudiera, hablaría de ellos. Que usaría las redes sociales, las entrevistas y cualquier micrófono que le pusieran delante para decir sus nombres.</p>
<p>Porque la tecnología no aparece sola. Alguien la piensa, la construye y la prueba. Y ese alguien merece que el mundo lo sepa.</p>
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